Salió el sembrador a sembrar...

 

Aquí Jesús reflexiona sobre la semilla y sobre el terreno.

El sembrador es la Mente divina.

La semilla es la Verdad o Cristo que nos despierta al día que hizo el Señor. El de “nuestra alegría y nuestro gozo”.

La semilla, el Cristo, siempre encierra en sí, una benéfica y centuplicada cosecha.

La semilla manifiesta todo su poder en el terreno, el hombre.

Siempre que:

1) No demos crédito a la mentira (el diablo), sino pensemos los pensamientos de Dios.  

2) Y pensar así en toda circunstancia. No, en ésta sí, pero en esa otra no. Sí en esta enfermedad, pero no en esta otra, sí en lo referente a la salud, pero no con respecto a la provisión…

3) No nos quedemos en los símbolos, sino que a partir de ellos sólo apreciemos la única Realidad, que es la espiritual.

 

El fruto de la semilla no se evidenciará:

. Si aceptamos como real el mal, la limitación, lo que no es la Verdad, sino el anti-Cristo.

. Si vivimos en la Verdad sólo en algunas situaciones y no siempre.

. Si valoramos la ilusión de los objetos materiales como los más deseables y más prácticos que lo relativo al Espíritu.

                                     

Pero ocurre que el Sembrador siembra en el único hombre que ya tiene su ser en el mismo Dios, “donde vivimos, nos movemos y somos”.

Y lo que sigue sucediendo es que tampoco hay mentira, porque nunca fue pensada por la única Mente. Ni siquiera existe un tiempo que no sea reflejo de esa eternidad donde no son los cambios sino sólo el desarrollo imparable del Bien.

Tampoco son los reclamos ilusorios, frutos de una mente distinta de la divina, que pudieran tentar al hombre apoyado en el Cristo.

 

Luego, ahora sólo hay un continuo cosechar el Bien multiplicándose incesante y sin fin.

Ésta es la Buena Noticia que desenmascara la mentira e instala en un gozo constante y sin miedo.

Ésta es la Realidad.