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¿PODEMOS PROVEER PARA UNA CONFERENCIA? |
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¿Podemos contribuir para una conferencia? En un mundo que se cree en "bancarrota" puede que alguno de nosotros se haga esa pregunta. Nuestros vecinos tienen hambre y necesidad de Dios. La Palabra los puede saciar. Una conferencia de la Ciencia Cristiana aporta ese alimento que fortalece. Pero podemos ser tentados con el susurro erróneo de la escasez. "Pero, si a duras penas consigo que mi familia 'llegue a fin de mes', ¿cómo ayudar a los demás si casi no consigo ayudarme?". Mary Baker Eddy responde a una cuestión parecida. La pregunta fue: "¿Es correcto que yo dé tratamiento (que ayude) a otros, cuando yo mismo no me encuentro enteramente bien?". La respuesta concluyó, después de aportar el ejemplo de algún contemporáneo y el de mismo apóstol Pablo: "Es indudable que es correcto hacer lo correcto; y sanar a los enfermos es hacer algo sumamente correcto".[1] Y nosotros añadimos: Y auspiciar y proveer una conferencia que nutra del vigor de la Verdad a nuestra comunidad "es hacer algo sumamente correcto". Pero, ¿cómo? Escuchemos las palabras del Maestro, empapadas de compasión hacia la multitud: “Dadles vosotros de comer”. Ya no podemos negarnos con un “sólo tenemos cinco panes y unos peces”. [2] Al orar escucharemos al Cristo que invita a buscar en casa con la alegría y certeza que nace de la confianza. Y ¿cuál es nuestra casa? ¿Dónde está nuestra conciencia? ¿Permanecemos en la Casa del Padre donde todo es luminosa claridad, abundancia y fiesta? Lo cierto es que aunque se crea lo contrario nunca nos movimos de allí? Y llevemos junto a Él, nuestro pan o el poquito de aceite y la harina de la tinaja.[3]Lo poquito es sólo un símbolo, la garantía de lo prometido por el Padre: “Todo lo mío es tuyo”,[4] y “Colocaos bajo el gobierno de Dios y todo lo demás se os añadirá”.[5] Una vez hayamos llevado todo –nuestros pensamientos, en primer lugar- junto al Cristo, hagamos como Jesús: alzar los ojos al cielo y bendecir. No miremos más el polvo de la limitación, (nuestro mensaje es acerca de lo infinito, de lo ilimitado en todos los ámbitos, porque en todo lugar está la manifestación de Dios). Miremos al Cielo, donde sólo hay bien sin mezcla de mal alguno. Y bendigamos. Para bien-decir, previamente hay que bien-pensar. Y pensar correctamente es lo que enseña el Apóstol: 8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad estará con vosotros.[6] Bien pensar es ocupar nuestra conciencia sólo con lo que manifiesta a Dios, con lo real. Lo contrario es ilusión que hay que revertir. La demanda de toda supuesta necesidad ya está cubierta. Antes que se plantee “y si esperáis jamás dudando, tendréis en todo momento todo lo que necesitéis”.[7]
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