La Vida no es un sueño.

 

La vida no es un sueño.

Aunque lo diga el clásico.

       Claro que Don Pedro Calderón de la Barca se refería a la que erróneamente llamamos vida.

       Ésa sí lo es. Y  hasta una pesadilla, muchas veces.

       La Vida es conocer a Dios. ”Esta es la vida eterna”, dice Jesús –dice que es, no que será- y luego define la vida eterna como el conocimiento actual de su Padre y de sí mismo –el conocimiento del Amor, la Verdad y la Vida. “Esta es la vida eterna: que Te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.[1]

      Por tanto, vivir es percibir la gloria del Señor que sobreviene como consecuencia del nacimiento del Cristo en la conciencia humana.

     Eso es lo que recordamos y celebramos cada Navidad.

     Para captar esa “gloria del Señor”  hay que estar atento, alerta y seguro de que hay algo más de lo que ahora se ve.

     De ahí, que Mateo y Lucas, sin ponerse de acuerdo en los personajes, nos presentan a los "adoradores"[2] de la idea de Dios recién nacida, compartiendo un mismo común denominador: su actitud de alerta.

     Los Magos vigilan en la noche contemplando las estrellas. Están a la espera confiada de un acontecimiento relevante. Elevan su punto de vista por encima de lo "terreno". Eso es la elevación o espiritualización del pensamiento.

     Los Pastores, rodeados de oscuridad,  permanecen con los ojos bien abiertos, en alerta para preservar lo que se le ha confiado. Su motivación es cuidar el rebañito.

     Lo importante no es ni la profesión (sabios o humildes pastores) ni lo que miren o vigilen (estrellas u ovejas), sino el no cerrar los ojos en la noche.

     Muchos esperan que la Verdad les venga con la luz del día. Pero la Navidad  recuerda que la idea perfecta, que es el Cristo, acampó entre nosotros en medio de una noche.

     Cuando el Sol se retira, o más bien, la Tierra le da la espalda, la tentación es pensar que ya nada se puede hacer, que las posibilidades se acabaron. Pero no es así, y

abandonar la espera o la guardia, con la llegada de las sombras, es exponerse a no descubrir la Estrella en el horizonte, ni escuchar el mensaje, canto armonioso, de los

pensamientos divinos que llamamos ángeles:

“¡Gloria de Dios verán en  la paz de las alturas, (en  lo elevado, no en la materia)  los hombres que el Señor ama, porque son Su misma imagen!”

     Y no olvidemos que es en la noche donde necesitamos más la luz. Al apreciarla más, también la abrazamos más estrechamente.

Como nos lo recuerda la Sra. Eddy:  “…la necesidad extrema del hombre es la oportunidad de Dios”. [3]


 

[1] Ciencia y Salud 410:4-9.

[2] “adorar” es escuchar en una dirección determinada. Adorar a Dios es escuchar sólo a Dios.

[3] Ciencia y Salud 266:16-17