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¿Tienes “deudas”?
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En estos tiempos de crisis en que creemos vivir, recibo bastantes peticiones de ayuda relacionadas con deudas que saldar. Lo primero que hago es declarar que todos nos movemos en la eternidad armoniosa de Dios, donde no falta ni un gramo de sustancia. Pero una pregunta me llega con insistencia: ¿Por qué se cuela esa creencia en nuestro día con la angustiosa evidencia de las urgencias? “Mañana he de pagar”… “Me embargarán la casa el mes próximo”… Y compruebo que en el idioma de Dios no existe esa palabra “deuda”. Concluyo que para que algo tan "extraño" entre en mi conciencia, antes habré tenido que pensar que a mí se me debe algo. “Que no tengo todo lo que se “merece” mi buen comportamiento”. Si creo que me deben gratitud por lo que hice, si considero que no me han alabado por mi trabajo, por mi ayuda… ya le hice un hueco en mi conciencia al falso concepto que recibe el nombre de “deuda”. ¿Tengo deudores? Aunque no sea de dinero. ¿Qué me deben? ¿Desde cuándo? ¿Puede que desde mi infancia? ¿Es Dios mi deudor? ¿Me ha retenido algo Quien me dio todo? Descubro que para disolver “deudas” apremiantes he de “perdonar” a mis deudores como nos enseñó Jesús. En su “Padre Nuestro” señaló las líneas maestras de la oración cristiana. Entonces, Dios mismo saldará las "tuyas". Cuando declaremos con comprensión práctica “Perdona nuestras deudas (líbranos de nuestras deudas) entonces nos sentiremos en la luminosa armonía del brillante reflejo de Su Amor.
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