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¿QUÉ ES UN CIENTÍFICO CRISTIANO? |
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Es alguien que no duda del mensaje de Jesús. Y por eso se propone demostrar en el día a día, que el Maestro tenía palabras de vida eterna, obedeciendo con humildad y confianza su mandato: “limpiad leprosos, sanad enfermos, resucitar muertos, echad fuera demonios” (es decir, no aceptad lo contrario a la Verdad y al Bien)[1] Es un seguidor del Cristo, que se toma muy en serio a Jesús, al confiar plenamente en sus afirmaciones: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará…” Tras las huellas del Maestro por excelencia, sería una radical contradicción para el científico cristiano, la intolerancia, el juzgar o condenar a otros, el repartir credenciales de buenos y de malos, o el tener acepción de personas. Por eso está abierto a la Verdad siempre presente y es consciente que el Padre nunca ve justos o pecadores, ortodoxos o herejes, adeptos religiosos, ateos o agnósticos, sino sólo ve a todos como hijos. Y así como a hermanos, el científico cristiano, ama y considera a todos. Tiene muy presente que Amar (el principal mandamiento) es ver a todos y a cada uno como nos ve Dios. Por eso el científico cristiano corrige así, de continuo, su visión de acuerdo con la primera y eterna evaluación del Creador: Todo era (y por consiguiente “es”) muy bueno. El juzgar y su inmediata consecuencia, el condenar, es la primera actitud errónea de la que se bautiza a diario dejándose sacar por el Cristo la viga que pudiera nublar la visión del hermano, apreciando motas en los ojos de todos. A ello le estimula la Palabra de Vida de Jesús el Cristo y éstas que en 1906 dejo escritas Mary Baker Eddy, y que copio a continuación[2].
Siempre abierto a todos, pero respetando el trabajo que el Espíritu continuamente hace en el interior de cada cual.[3] |
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[1] Mateo 10:8
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