SEGURIDAD, ¿Dónde?

 

¡Calla! ¡Enmudece!

Cuando la noticia golpea repetida, surgen muchas preguntas. Te gritan con desgarro al corazón.

Cierto que todo es un sueño y que en la Verdad todo continua para siempre en armoniosa calma.

Pero soy de los que incluso cuando presencio en una película una tragedia de ficción, se me anuda la garganta y los ojos han de luchar para retener las lágrimas. 

¿Por qué tanto dolor? Haití... Chile... tantas veces... ¿Queda algún lugar seguro? ¿Qué construcción es inmune al derrumbe?

Si la humanidad se sitúa de espaldas a Dios el corazón se le entenebrece. Y si se edifica sobre la arena de la materia nada aguanta y todo lo acaparado desaparece.

El doloroso estremecimiento de esos países no puede ser un quejido aislado. Si no vivimos anestesiados sentiremos como también recorre nuestra conciencia. Porque nada nos puede ser ajeno. Algo hay que hacer. Y tenemos la solución.

Un día Jesús descansa dentro de una barca, en la paz de sus armoniosos pensamientos. Fuera el mar se encrespa hasta la terrorífica amenaza. Los marineros se vuelven al maestro de Nazaret, que sólo es consciente de la Seguridad. Conocemos el final. El mayor científico cristiano que ha pisado la tierra se enfrenta con autoridad a la tormenta, y la calma aparece.

No hace falta que nadie llame a nuestra puerta en petición de ayuda o auxilio. El estudiante de la Ciencia Cristiana sabe lo que debe y puede dar. El trabajador metafísico no debe abandonar la seguridad de la Casa del Padre que es su hogar. Desde el piso sólido de la Roca mandemos al error que se disuelva. Neguémoslo con autoridad. Hagamos luz en las tinieblas visionando la salvadora y perpetua Verdad. Pero siempre con la firmeza de la comprensión ausente de dudas.

La tierra no está a merced de leyes convulsivas y destructoras. Como todo lo que es, sólo pertenece a Dios. Al Principio que es Amor. No hay otra ley, ni otro poder. Sólo el Bien absoluto.

Los que un día aceptamos el mensaje del Consolador no podemos orillar las pesadillas. Las tenemos que disolver con la luz del pensamiento de Dios no quedando presos de sus hipnóticas y aterradoras sugestiones.

Nuestra oración AHORA tiene que ser un "¡CALLA!, ¡ENMUDECE!".

Después, habrá que seguir anunciando la Roca, el Cristo, sobre la que construir los refugios, el seguro hogar, que no es otro que vivir los pensamientos del Padre-Madre.