¡Otra vez

es

Navidad!

¡Ya llega!

Una fiesta para ser celebrada con niños o con corazón de niños.

Para vivirla en presente. Porque llenarla de recuerdos es nublarla de nostalgias. Cargarla con la amargura de la depresión.

¡Otra vez Navidad! Se puede exclamar con júbilo inocente. Pero también se puede lamentar como anuncio de un tiempo que se extingue.

Hoy he centrado mi pensamiento en su significado. Había conseguido expulsar del escenario de la conciencia, los anuncios consumistas y los convencionalismos vacíos… Cuando se ha colado un recuerdo.

Al principio no le he reconocido relación.

Se trata de una película. “Atrapados en el tiempo”[1]. Poco a poco he comprendido por qué he desempolvado esas imágenes en que un Bill Murray repite jornada tras jornada las experiencias de una misma fecha: “El día de la marmota”. 

Experimentar siempre lo mismo es un tedio insoportable. La gente lo soporta drogada con entretenimientos superficiales que sólo intentan “matar el tiempo”.

El protagonista de la historia tras intentar escaparse de esa cruel monotonía, comprende al fin la posibilidad que le trae la experiencia.

Cada vez que repite una situación, intenta mejorarla sirviendo a los demás. Así le encuentra sentido a esa cárcel del tiempo que parece impedirle avanzar. Hasta que, cuando menos lo espera, amanece “otro día”. Nuevo, diferente.

“Otro día” me suena al “otro cielo y otra tierra” del Apocalipsis.

Ahora, para mí, el “Otra vez Navidad” deja de ser un evento requeteconocido, en el que hasta la reflexión espiritual sabe a insípida y repetida.

Porque ya sé que este año ha de ser “nueva”.

Será mejor. Celebraré con más profundidad esa llegada de la Verdad espiritual a la aparente desnudez de mi existencia, a lo oscuro de mi presente, a la pobreza de mis hechos. Lo importante es el “niño” y no donde repose.

Nada impide que nazca. Y en todos. ¡Qué Buena Noticia! Es la Voluntad de Dios para los que ama (es decir, todos).

Todavía no es 25 de Diciembre, pero la Navidad ya ha llegado. Y mañana será Navidad de nuevo, y al otro… y al otro… ¡siempre!

Y si lo aceptamos  con sencillez y lo profundizamos con convicción, no estaremos “atrapados en el tiempo” sino “libres en la eternidad”.


[1] En Hispanoamérica “Hechizo del tiempo” o “El día de la marmota”.