APRENDIENDO A DESPERTAR

La humanidad dormita sueños. A veces son pesadillas.

Casi sin gozar de la vida.

Ésta sólo se disfruta despierto.

Un “¡Esto no me puede estar ocurriendo!” ha ayudado a salir de la inconsciencia y ansiar el amanecer.

Pero hay que aprender a despertar.  

El “¿Dónde estoy?” es con frecuencia el buen comienzo. La respuesta correcta sitúa en la armoniosa realidad.

“¿Dónde estamos? ¿dónde ahora?, ¿dónde antes?, ¿dónde mañana?”  Las preguntas pueden ser multitud.

La contestación, una e inmutable: “En la presencia de Dios”.

Nada existe fuera de la Única Presencia.

El preguntar ya incluye la Buena Noticia de la respuesta: “En Dios nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser” (1).

Sólo la inconsciencia es ausencia.

Imposible estar presentes sin experimentar la pacificadora calidez del Amor. No sentirla señala que todavía soñamos.

Hay que ejercitar el “ser conscientes de la realidad”.

Eso es vivir: darse cuenta del Amor. Sentirse absoluta, incondicional y profundamente amado.

Eso es “practicar”.

Hay que pausar nuestra andadura. Preguntar en cada parada “¿donde estoy?  Y tras descansar en la respuesta, fortalecidos, continuar nuestro camino.

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(1) ( En la eterna e invariable Presencia no puede haber “ausencia”. Ningún ser querido se fue (¿puede haber seres que no sean sino “queridos”?).

Todos permanecemos en la Amorosa Presencia. Los que vemos y los que dejamos de ver. Todos juntos, abrazados por la Presencia.)