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El amor es universal o no es
amor.
No se puede amar sólo a unos pocos.
Amar sólo a uno constituye un autoengaño que incluso tendrá que soportar
el otro.
Sólo se ama de verdad a alguien cuando se ama a todos.
Amar es una actitud, no es un acto.
Es como dejar la puerta abierta para que entre alguien. Si está abierta
pueden entrar todos.
Lo que, en este plano, el amor sí admite son algunos aspectos
accidentales y temporales. Por ejemplo, amor "paternal", "de pareja"...
Los entrecomillados son "adjetivos". El amor es lo sustancial.
Éste no es humano. Es divino. El hombre sólo lo refleja cuando
consciente o "sin saberlo" está vuelto a Dios. Así, como el cristalito
encarado al sol proyecta la luz en la dirección hacia la que se oriente,
el hombre que eleva sus miras, ilumina y calienta todo su entorno por
muy mayúscula que sea la fría oscuridad.
El amor no es una reacción química ni una clase de simpatía. El amor
es conocimiento.
Conocimiento auténtico y profundo. Es ver al otro en su realidad. Como
lo ve desde la eternidad la Mente que lo concibió: bueno, perfecto.
Amar es descubrir la grandeza del otro, su bondad, su ser imagen de la
divinidad.
Quien ve al hombre verdadero, donde otros ven a su debilidad o
limitación, descubre a Dios en la tierra. "Quien me ha visto a mí, ha
visto al Padre" replicará Jesús, el Maestro.
Lavando la mirada en la luz del Amor que nos ama, conoceremos la
maravilla que todos son y somos. Ese es el bautismo diario y
necesario.
Entonces amaremos y al amar así, nos
sentiremos amados.
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