¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?

(1 Corintios 15,55)

 

Huevos de chocolate... conejitos de dulce... regalos... ¿Algo a repetir cada año, como el cambio de estaciones?

¿Qué se celebra con la Pascua?

La victoria sobre la muerte. Una excelente ocasión para escuchar el grito jubiloso de la Buena Noticia y desenmascarar al "postrer enemigo".

Pero, ¿que es la muerte?

Se define como el límite de la existencia. Del hombre, de los animales, de las flores... de todas las cosas animadas.

Es la firme creencia de este mundo. Sobre ella se construye toda una forma de ser. Aunque se prefiera mirar para otra parte. La ignoramos hasta el momento en que sus emisarios de enfermedad, dolor o decadencia se presentan con ineludible evidencia. Se "convive" con ella sin nombrarla, aunque se la respire de continuo  en el ambiente. 

Se acepta de modo inconsciente que todo tenga un final. Y así se desarrolla la existencia de cada cual como en el interior de una burbuja. Ahí nos movemos anestesiados, hasta que llega el momento de enfrentarnos con la última barrera, la definitiva. 

La muerte es la gran convicción hacia la que se camina, muy rápido al principio, y como frenando los pasos al acumularse los años. Es la compañera inseparable a la que no se dirige la palabra. A la que se pretende ignorar para que no nos amargue las pequeñas felicidades encontradas en el camino. Es el gran condicionante. 

La verdad de la muerte -el límite definitivo-, ha creado el miedo con sus variedades de dudas, preocupaciones y angustias.

La muerte es primero miedo a perder lo querido, y después, amenaza de separación de todo lo deseable o amado...

Pero eso no es vivir. Cuando nos movemos en ese marco y sólo somos conscientes de él, nunca disfrutamos de la vida auténtica. Admitir la muerte como verdad o real, es darle la espalda a la armonía de la Vida, al poder de la Verdad, y al gozo del Amor. 

Aceptar la muerte en nuestras existencias es permanecer en la oscuridad. Y es cierto que en las tinieblas es difícil el vivir. Por eso, el Espíritu creó la luz y la vida se derramó por el infinito y lo bueno lo llenó todo.

La Palabra de Dios ilumina y nos descubre lo verdadero. Grita que la muerte es la última mentira, el último enemigo que será vencido(1) .Y Mary Baker Eddy añadirá que es: “Una ilusión, la mentira de que hay vida en la materia; lo irreal y falso; lo opuesto de la VidaLa materia no tiene vida… Toda evidencia de muerte es falsa, pues contradice a las realidades espirituales del ser. (2)

La Vida no tiene nada que ver con la muerte. Y la Vida es la única realidad. Lo cierto. En nuestro cotidiano pensar no podemos admitir la muerte con su corte de actitudes alienantes, temores, agobios y pensamientos amenazadores.

Eso es celebrar la Pascua.  Vivir es tocar el cielo, sentirse en él. 

Si éste no es nuestro actual sentimiento, escuchemos la Palabra para despertar alegres a esta mañana de eterna primavera.

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(1)  1 Corintios 15:26,   (2) Ciencia y Salud 584:8-16